jueves, 21 de junio de 2012

"Lo que me gusta de tu boca..."

Lo que me gusta de tu cuerpo es el sexo. Lo que me gusta de tu sexo es la boca. Lo que me gusta de tu boca es la lengua. Lo que me gusta de tu lengua es la palabra. ..

"Papeles Inesperados". Julio Cortázar

Qué difícil de apagar este hombre, uno vez que hemos leído sus cuentos, los poemas de este cronopio que desandan nuestro andar, sus cartas maravillosas plenas de vida y afecto. Este hombre que nos hace viajar siempre hacia los recuerdos, nuestras vivencias y sentimientos, esos lugares que son también el habitáculo en que reside la fragilidad. 


Es bueno leer a Cortázar. Nos devuelve la ilusión de que amar, es siempre bueno y la felicidad, esa cosa tan huidiza, está a nuestro alcance si sabemos apreciarla. El recorrido a través del tiempo no hace más que recordarnos su vigencia como escritor. Un lujo, como siempre.

Laura Fernández

40 minutos sin tuiter...lástima que el país no se levante igual

Hoy el mundo vivió 40 minutos sin tuiter. La falla en el servicio en la aldea global ocurrió a las 11.20 de la mañana, tiempo en el que se estima dejaron de circular  11 millones de tuits. 40 minutos y el mundo convulsionado. Como si se tratara de una peste, de una hambruna que se extiende por el planeta y amenaza con cegar la vida de millones. Desde su rival, Facebook, decenas de personas pedían auxilio porque no podían subir sus 140 caracteres. No sabían si era un saboteo contra ellos en particular, o qué cosa estaba ocurriendo. Para muchos era la catástrofe. 


"Ahhhhhhhhhh", respiraron con alivio cuando se enteraron del colapso de la red. No, no era contra ellos en particular, que no era un saboteo. Era una falla global. 


Esta red se ha vuelto adictiva para millones de personas, conozco gente que relata sus andanzas por esta red, postea seguido, por minutos, cada media hora: dónde están, acaban de ver un accidente de tránsito, linkean una noticia sobre cualquier cosa de la actualidad, avisan sobre lugares donde se encuentran opositores y chavistas en sendas marchas, la comida les quedó divina, tal concierto no llenó sus expectativas, pintan de azul la habitación y se creen frente al mar, están tristes, están alegres...como si su vida se tratase de un reality show que a todos debería interesar. Bueno, a veces es ventajoso, informan sobre vías colapsadas, el tráfico de la ciudad, la venta de leche, aceite y arroz en tal supermercado!!!!


Y Tuiter, en respuesta a sus millones de seguidores, se lanzó con esta pregunta ¿Qué creen que pasaría si el mundo viviera un día sin Twitter y Facebook?


Me parecieron muy graciosas y asertivas algunas respuestas: 


- Dejaría de leer noticias irrelevantes, (como ésta)


- Realmente seríamos más productivos en los respectivos trabajos y menos generadores de contenido.


- Nos dedicaríamos a vivir, a disfrutar de una buena compañía, desconectados de todo, como anteriormente se hacía.



- Leer mas libros


- Usarían Google Plus.


- Sin facebook y sin twiter... todo seria tan real.



- Habría un aumento considerable en el consumo de licor, sexo al igual que las drogas también.




Uno se sonríe, pero también, uno piensa y compara. En Venezuela no sólo ha caído tuiter hoy, hace rato cayó la economía, cayeron los valores, cayó la tranquilidad, cayó el empleo, cayó la seguridad de salir un rato de tu casa y caminar la ciudad, cayó la educación, la calidad de vida, cayó la clase media...Lástima que el país no se recompone como tuiter. En 40 minutos la red volvió a funcionar con normalidad de 140 caracteres. En Venezuela, el resto, la economía, los valores, la educación, el respeto, el bienestar, la calidad de vida, todo eso tardará en levantarse. 


Laura Fernández














lunes, 18 de junio de 2012

Ser feliz no es tan difícil


Comparto ese placer enorme de mostrarle a la gente que uno quiere la música, los libros, los lugares que uno ama. Lugares que en esta ciudad encuentro pocos, pero encuentro. Caminar tranquilamente en la Vereda del Lago una noche con suave brisa lacustre, curioseando en cada paso los collares de cuero de los artesanos y su multiplicidad de corazones rotos de metal que proliferan en cada puesto y gustan a los jóvenes, ser testigos de las rebatiñas amables entre los vendedores y darse al goce nunca disimulado de oír con ganas las conversaciones de los otros paseantes.

A veces ocurre la grata sorpresa de caminar sintiendo, cada vez más cerca, los melodiosos acordes de un dúo de violinistas tocando una Ronda a la Turca de Mozart o La Petite Fleur, esa legendaria pieza de Sidney Bechet que penetra oídos y emociones y alegrías por igual... entonces la caminata se convierte en un trote quieto y agradecido, muy cerca de los músicos ambulantes que han encontrado entre los trotadores nocturnos de la Vereda, un espacio ideal para promocionarse. La noche se detiene y uno no quiere que acabe la música, uno quiere prolongar esa paz obsequiada por los acordes de los violinistas a orillas del lago, y claro que le compras el CD que te ofrecen con la esperanza siempre de que al otro día, al regresar, estén solitarios, sonando otra vez y tú y otros cuantos más, deteniendo el paso y haciéndoles auditorio. Pararnos por el solo gusto que nos produce estar en un momento y un lugar donde todos somos desconocidos y a todos nos une el amor por esa música.

Hay noches, hay mañanas de mayo y de junio que son un verdadero deleite al pasar junto a los taparos en flor y descubrir con admiración genuina el aroma embriagante, sutil de sus flores como si esa maravilla milenaria no fuera a repetirse nunca más. Esa suave fragancia se queda contigo, te acompaña por semanas, y compensa tener que soportar el calor cuajado, denso, antipático, fatigoso, húmedo, eterno, pegajoso de esta Maracaibo con su única y exclusiva estación de vaporones. 

Pasear tranquilamente con un amigo por las calles de cualquier ciudad es uno de los placeres que uno mas quisiera disfrutar, un placer escasamente permitido en Maracaibo. Por la inseguridad, por el calor sofocante, por el sol que te ciega y te obliga a cerrar los ojos para mirar. Porque sus calles no fueron diseñadas para la caminata. Pero aún así, cuando se camina a orillas del lago de Maracaibo, en la Vereda, despreocupados y sin negarnos a los pequeños asombros, nos damos cuenta que hay placeres al alcance de cualquiera que sepa disfrutarlos.

Y se disfrutan el paseo y sus conversaciones clandestinas, los ratos compartidos y los gustos comunes, el jugo y las diferencias de criterio, el caer en cuenta en los que nos une antes de aquello mínimo que nos separa. Y es maravilloso darnos cuenta, en esos pequeños placeres, que ser feliz no es tan difícil.

Laura Fernández






viernes, 15 de junio de 2012

Como si el amor no te partiera los huesos




"Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al revés. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto."


JULIO CORTÁZAR
Fragmento de "Rayuela"


Fotografia: Robert Doisneau


Este fragmento de Cortázar es sencillamente genial! Como si pudiera elegirse a quien amar, como si el amor no fuera un veneno que se apodera de tus emociones, un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Grande Cortázar. 


Laura Fernández

jueves, 14 de junio de 2012

Curriculum vitae


"¿Sabes poner un café? ¿sabes sonreír?"


Dicen que éstas son las preguntas que formula el dueño de Starbucks en las entrevistas.
...

Entras a una tienda y la chica que te atiende tiene mirada de hielo y cara de aburrida. Le pides una camiseta, te mira con hastío, despacio rebusca con desgano entre los armarios, al regresar con ella en sus manos te la entrega sin mirarte como quien te ha hecho un favor, mientras, revisa con premura otra vez el teléfono. A los cinco minutos, la ira te domina y no toca si no salir y seguir. Refunfuñando porque esa conducta la consigues en tantas partes. En el café, en el restaurant, en una oficina...
...


Bravo por Starbucks, la sonrisa debería ser un requisito en todas las ofertas de trabajo. Y la amabilidad, una obligación. 


Laura Fernández



Hilde Domin, la dama de la poesía sencilla





Amo esta tierra desnuda
y no quiero tener nada.


Sólo el tiempo
para estar sola
con el tiempo.


Y estar mirando una nube
o el palidecer
de la tarde.


Con las ansias de siempre
y el miedo
de hoy.


POEMAS
Hilde Domin
El Bardo-2002
Fotografia: Pedro Laycos




La poeta alemana Hilde Domin, que murió a los 96 años en la ciudad universitaria de Heidelberg,  puso en práctica con su vida y su obra la máxima de que la patria es el idioma. Hija de un abogado judío de Colonia, Domin estudió Derecho, Economía, Sociología y Filosofía en Heidelberg y tuvo como maestros nada menos que a Karl Mannheim y Karl Jaspers. En 1932, con 23 años, antes de la llegada al poder de la barbarie nazi, abandonó Alemania junto con el que después sería su marido, el escritor y teórico del arte Edwin Walter Palm.


Condenados al exilio tras la llegada del nazismo, Domin estudió en Italia y se doctoró en Florencia en 1935 con una tesis sobre la teoría del Estado en el Renacimiento Pontano como precursor de Maquiavelo. El exilio les llevó al Reino Unido y el matrimonio recaló en la República Dominicana el año 1940 donde su marido consiguió una cátedra en la universidad y ella trabajó como profesora de alemán, traductora y fotógrafa de arquitectura. Su vocación y carrera son tardías, datan de 1951 y se iniciaron con algo más de 40 años. Una mañana se levantó y leyó a su marido versos, en vez de uno de sus trabajos de traducción. Los primeros versos surgieron de la muerte de su madre y en poco más de dos años escribió unos 200 poemas. Como homenaje a su país de adopción, cambió su apellido de Palm por el de Domin con el que logró reconocimiento expresado en múltiples condecoraciones y homenajes.


Hilde Domin se convirtió en la gran dama de la literatura alemana de postguerra. 


En los innumerables homenajes y premiaciones que le han concedieron en sus 96 años, siempre se destacó la simpleza de su poesía. 


Domin se filtró en el gusto y en la conciencia del público porque le devolvió al idioma alemán la ligereza de la cotidianidad y la gravedad de los sentimientos hacia el otro, hacia la naturaleza.


Los alemanes, no aficionados a la poesía como los latinoamericanos, reconocieron la fuerza de estos versos y desde los años 60 no hubo manual de literatura para la enseñanza donde no hubiesen textos de Hilde Domin.

martes, 7 de febrero de 2012

En Planfleto Negro con José Ovaldía

Esta entrevista es lo más divertido e irreverente y provocador que he leído en muchos meses. No sé quién es José Ovaldía, gracias a la maravilla que pueden ser las redes sociales, acabo de descubrirlo a través de Héctor Torres, extraordinario escritor y cronista de Caracas.


Confieso mi más absoluta ignorancia. No sé si es real o joda, no sé si es invención salida de la imaginación de alguno de nuestros creativos escritores, de algún conocedor de la movida literaria y cultural del país, pero su originalidad, desparpajo y sentido del humor para hablar sobre el sexo, sus relaciones, sus escritores fetiche y su hacer, desbaratan a carcajadas a cualquier lector. Boris Izaguirre se queda corto.


Dónde estaba qué no le habíamos conocido? Es refrescante leer a alguien que ignora, desconoce las pacaterías morales de nuestra apolillada y muy conservadora sociedad y viene con su humor a sacudirnos del letargo y tanta lectura “políticamente correcta”.


Es agudo, ingenioso, un provocador divino y divertido. Desternillante cuando se refiere a nuestros escritores y su fijación con Fedosy Santaella.


Aunque leo que es escritor y la editorial Anagrama acaba de publicarle en España su novela “Ël y él bailaban tangos tristes” , a mi no me desaparce la duda. ¿Es real o es la ficción de algún escritor venezolano? No paro de reir.


Les invito e leerse esta entrevista. Es maravillosa y divertida como ninguna. Pertenece a la gente de Panfleto Negro, boletín semanal sobre literatura, fotografía y crítica latinoamericana.

Aquí les dejo el enlace.

José Ovaldía sobre los escritores venezolanos: “Me atraen más sus atributos físicos que su trabajo”

www.panfletonegro.com

Dickens, nunca muere


Un día como hoy, el 7 de febrero de 1812, nació Charles Dickens. Y nunca murió.

Dickens, el observador solitario, fue un descontento a tiempo completo. Con Oliver Twist, escribió la primera novela social donde un niño denuncia.

Este hombre tuvo que hacer temblar de rabia y envidia a aquella apolillada sociedad victoriana que le tocó vivir y con tanto tino supo retratar en sus novelas. Todo lo observó y todo lo registró en Oliver Twist o en "Cuento de Navidad", dos de sus libros talismanes. Sus páginas recogen los modales de almidón, el cinismo envasado, la hipocresía social, los vicios y la impostura de aquella clase media burguesa del Londres de principios de 1800. Entonces le salieron paginas enfadadas, que no estaban pensadas para educar sobre nada, si para denunciar la mierda moral de aquella sociedad victoriana que no ha dejado de mutar hasta estos tiempos.

Hay que leer a Dickens y sus letras abrasivas, el escritor que todo lo observó y no hace otra cosa que contarnos su propia infancia rehabilitada en literatura. Un universo poblado de los personajes que la sociedad prefiere ocultar, ignorar, no ver, olvidar y cuando la mira, humilla. La gente incómoda que muchos preferirían hacer invisible. Páginas donde desfilan usureros, mendigos, prostitutas, desdentados, hombres/rata, versus los avariciosos y ricos miserables.

Y escribe sin ánimo redentor. Solo muestra, y al mostrar nos sigue retratando como sociedad.


Laura Fernández

martes, 31 de enero de 2012

...como fuera del mundo, perdido


¡Escríbeme qué llevas puesto! ¿Es cálido?

¡Escríbeme en qué duermes! ¿Es también blando?

¡Escríbeme qué aspecto tienes! ¿Sigues siendo el mismo?

¡Escríbeme qué echas de menos! ¿Mi brazo?

¡Escríbeme cómo te va! ¿Te respetan?

¡Escríbeme qué andan haciendo! ¿Tienes bastante valor?

¡Escríbeme qué haces tú! ¿Sigue siendo bueno?

¡Escríbeme en qué piensas! ¿En mí?

¡La verdad es que sólo tengo preguntas para ti!

!Y espero con ansiedad la respuesta!

Cuando tú estás cansada, nada puedo llevarte.

Si pasas hambre, no puedo darte de comer.

Así que estoy como fuera del mundo,

perdido, como si te hubiese olvidado.


Bertolt Brecht

Alemania, 1898-1956

Alemania: 1898-1956

viernes, 27 de enero de 2012

Finjamos que soy feliz


...Un rato, quizás, podrás persuadirme

(Extracto del poema de Sor Juana Inés de la Cruz)


jueves, 26 de enero de 2012

Me sobra el mes al final del sueldo




Esta consigna pintó las paredes de París en aquel mítico Mayo Francés de 1968. Hoy, tan vigente como entonces.

martes, 27 de septiembre de 2011

Elegy, intimista y delicada

Anoche he vuelto a ver Elegy, película de la directora española Isabel Coixet, basada en el libro de Phillip Roth, El animal moribundo. Es una hermosa película. Delicada.

Lleva la impronta de Coixet, una atmósfera intimista con Penélope Cruz y Ben kingsley en roles estelares. Plena de silencios elocuentes, de caricias y miradas portadoras de belleza, amor, deseo, dolor...escenas intensas y maravillosos diálogos...y una química brutal entre estos dos actores.

David Kepesh es un carismático profesor de Literatura Comparada den Columbia, amante de la belleza y de la libertad. Un profesor sesentón y su pasión correspondida por una joven estudiante. El hombre temeroso del amor, de las expectativas que el despierta, su eterno miedo al fracaso y al dolor, enamorado en su vejez , descubriéndose viejo y dolorosamente enamorado. Es una reflexión sobre la egoista idea de libertad de Kepesh, su opinión sobre el compromiso y la dependencia que inevitablemente conlleva, y a la que ha rehuído toda su vida. Todas sus creencias tambalean cuando conoce a Consuela, encarnada por una inquietante Penélope Cruz, que logra meterse en su corazón de cínico y solitario.

Ella se convierte en una peligrosa obsesión, una espiral de necesidad incontrolada, de celos. Pero el personaje es ya demasiado mayor para emprender un camino que le ha aterrado toda la vida y coincide con George O¨Hearn (Dennis Hopper), su mejor amigo y único confidente -un poeta mujeriego con mucho éxito- que es demasiado tarde para dar media vuelta. La decisión está tomada, pero a qué precio...él huye como siempre. Pasan dos años, de agonia, de tormento para él, una noche decembrecina llega una llamada, de ella...! Lo que se pierde por miedo y por no comunicarse. Ya es tarde para todo.

La edad, la soledad, el miedo al amor y a la entrega puestos en escena, desfilando en la pantalla, bajo los acordes de un exquisito piano. Coixet logró traducir al Phillip Roth ardoroso y al Roth temeroso de la edad al poner de manifiesto la tremenda vulnerabilidad humana y lo que de tragedia tiene para él la vejez. Bien lo expresa Roth: "al final, todos naufragamos en el mismo infortunio".

Nadie está a salvo en su trinchera sentimental, nadie lo sabe todo de la vida, Kepesh lo descubre tarde. Una película inquietante y hermosa.

Laura Fernández

jueves, 4 de agosto de 2011

A veces de tarde, es una ausencia




Maracaibo está en reposo. Nada se mueve en la calle a la 1 de la tarde. Desierta, las pocas personas que caminan por 5 de Julio parecen fantasmas alucinados, envueltas en un halo de vapores y obstinación, cegadas por la luz plomiza de esta hora. 45º de calor. Humedad que se cuaja en el aire antes de ser piel pegajosa en su humanidad.

Maracaibo es un desierto. La vida está suspendida. Me asomo una vez mas por la ventana solo para comprobar lo que ya sé. A esta hora todo está callado, adormecido. No hay bocinas ni carros ni pasajeros. Solo alucinación y soledad. La ciudad es un desierto de voces, es una algarabía de ausencias, es tu recuerdo golpeando con fuerza en el 4to piso de mi ventanal que mira hacia esa acera, donde un día transitó tu risa. La vida ocurre detenida frente a mí.

Hoy Maracaibo es una ausencia.

Laura Fernández



miércoles, 3 de agosto de 2011

Esa manía de llevar a Dios en los labios


Todas las mañanas al salir de casa repito un ritual involuntario: me persigno y pido al Señor regresar sana y salva en la noche. Y ruego por todos los que quiero. Llevar a Dios en labios y entregar mi suerte a él se ha convertido en una letanía diaria ante las arremetidas, cada día más sonoras y crecientes, de la delincuencia. Anoche desperté sobresaltada en la madrugada, más de 20 balazos en cuestión de uno, de dos, no sé cuantos segundos, los sentí eternos mientras Dios de nuevo regresaba a mis labios y me persignaba y me estremecía pensando quién podía ser esta vez, cuántos esta vez. Pensaba en balas perdidas a esa hora de la madrugada impactando en el inocente que retornaba de una fiesta o al madrugador que había decidió salir más temprano a su trabajo.

Y quienes deben garantizarnos el derecho a la vida se escudan en el argumento manido de que se trata de exageraciones de la prensa amarillista del país. Una exageración que suma 150 mil asesinatos en estos últimos 12 años.

A veces me quisiera mudar a ese país tan bonito que me cuentan todos los días en la tele oficial. Allí, la gente tiene pleno empleo, no existe analfabetismo; familias felices con las casas que les construye el gobierno y las entregan con todo equipado; nadie se cose la boca en actitud desafiante de huelga de hambre para exigir sus derechos y cuando lo hacen son desestabilizadores pagados por la oligarquía; abundan los alimentos que en los mercado están desaparecidos hace meses dejando en anaqueles vacios la mejor evidencia; los CDI como los Barrio Adentro son un paradigma en tecnología y avances en medicina para curar y tratar cualquier enfermedad, aunque el líder supremo los ignorara a la hora de tratar su cáncer y prefiriera buscar la ayuda externa de cubanos y españoles.

Qué bonito es todo desde la pantalla oficial. Todos los venezolanos estudian, se gradúan y al salir tienen garantizado un empleo productivo…Yo me quiero quedar en este país que desde las pantallas de Tves, VTV, ANTV, me llena de sueños todas las mañanas. ..Me están destrozando los nervios esos canales vendidos, de apátridas vendepatrias, ellos cuando muestran la realidad, exageran. Sus noticias son violentas. Sangre y corrupción. Reclamos y huelgas. Masacres y presos dando órdenes desde las cárceles. Marchas y gente llorando sus muertos. Puro conflicto, pues. No se parecen a esa realidad dulce, ese oasis de paz y esperanza que veo desde los canales del Estado y me hacen a veces creer que Venezuela es como Disneylandia.

Y yo necesito soñar, quiero soñar de nuevo, creer, tener esperanzas antes de volverme loca. Quizás sea mejor ver solo la teve oficial a ver si logro conciliar mis angustias, permanecer en el país donde todo es avance y logro, donde la muerte no es lugar común, ni es sinónimo de asesinatos, sino de algún ajuste entre malandros, de alguna pelea de barrio. Y la impunidad, es otro invento de los medios y de los familiares de las víctimas, aunque los datos confirman que 92.1% de los homicidios en Venezuela no son resueltos.

Pero suena el teléfono. El desgraciado teléfono. Me dicen que acaban de asesinar al ingeniero de PDVSA y su escolta en las carreteras de la Guajira para robarles el carro, cuando justo retornaba de supervisar la entrega de dos vivienda s con su dotación correspondiente a vecinos de mi caserío. La noticia se queda hirviendo en la mente, como cicatriz en mi memoria que rápidamente pasa revista a todos esos hechos que asustan. Por lo común, por lo frecuente. Porque no es una excepción, es cosa de todos los días. Como ese graffiti que se lee en calles de Caracas y asusta. Asusta mucho.

Me asomo a la televisión. Transmiten las noticias de la noche. La apago. Me siento agotada, rabiosa, también con miedo e impotente, sin fuerzas para insistir en lo que ya nadie puede creerle. Aunque la propaganda sea insistente y constante.

No podré soñar. No hoy. Mejor no cierro los ojos, ya tuve bastantes pesadillas por hoy. Seguiré en manos de Dios, persignándome cada día al salir de casa, estrenando en mí esa vieja manía de llevar a Dios en labios a toda hora.


Laura Fernández