viernes, 20 de mayo de 2011

Mayo español, sueños bajo el Sol

La protesta de los jóvenes españoles iniciada una semana atras, prende esperanzas en el mundo.

Terminada una manifestación, 40 de ellos, solo 40, decidieron quedarse y acampar y dormir en Plaza del Sol, cansados de tanto desempleo, de tanto esperar, exigir y no recibir soluciones a sus necesidades. Y comenzaron a despertar los jóvenes, mujeres, hombres, ancianos de toda Madrid. Al cortejo de indignados, se ha ido uniendo gentes de todo el país, ciudades pequeñas y grandes (como Zaragoza) replicando su ejemplo y sus protestas hartos de su invisibilidad en un país donde el 43% de sus jóvenes está desempleado.

Plaza del Sol es una exposición pública de un hartazgo privado y colectivo: muchas personas cansadas de ser invisibles, de ser nada y nadie que salpica a políticos, empresarios , políticos, a esa parte del 'establishment' que dejó de escuchar.

Los jóvenes dan volumen a su frustración en Puerta del Sol. Es una protesta espontánea que convoca a la reflexión ante un sistema del que se sienten y saben excluidos. Corrupción, bipartidismo y sin trabajo. Ellos pregonan la necesidad de que la democracia española se articule con sus necesidades y aspiraciones.

La indignación de su protesta la cuelgan en su pecho, sus franelas dicen: "Sin trabajo, sin vivienda, sin esperanzas, SIN MIEDO" . Levantan en la plaza muros no de concreto si no de carteles con palabras que expresan sus deseos e inconformidades. Uno dice: "Si no nos dejan soñar, no os dejaremos dormir"...Hoy Plaza del Sol cobija miles de manifestantes en tono pacífico pero firme. Cada persona deja huella de apoyo. Cada una elige el texto de su indignación, la escribe y pega el pasquín donde puede dentro de ese mar de palabras que cuelgan al aire sostenidas en carteles de papel que conforman el muro de verbos, sueños y rabias que ellos han levantado.

Como se ve, hay carteles nostalgia evocando el mayo francés, otros más atrevidos hablan de la primavera árabe ...

Les han intentado sacar,pero saben los viejos políticos que cerrar las puertas de la plaza, es abrir unas más grandes.

Hoy Plaza del Sol está despertando a miles d epersonas en España. Puede que se corra este ejemplo por Europa y quizás, solo quizá, pueda atravesar el Atlántico para aterrizar y sacudir las conciencias dormidas de nuestros pueblos.

Es bonito soñar lo que ocurre en plaza del Sol. Es bonito protestar con libertad en Madrid. Es bonito soñar que esto pueda ocurrir aquí. Es el llamado de la consciencia


Laura Fernández



jueves, 19 de mayo de 2011

El incómodo Phillip Roth lo vuelve a hacer


Philip Roth, eterno candidato al Nobel de literatura, acaba de ser galardonado con el premio Man Booker otorgado en Europa a escritores de habla inglesa.

Es indudabe, él es un escritor incómodo, de prosa brillante e ideas aplastantes, con planteamientos tan originales como conclusiones desconcertantes, y en el universo de la literatura mundial, es un nombre que hay que leer.

Cuando uno de mis gigantes admirados en literatura alcanza un logro, yo lo celebro como si fuera de mi amigo más entrañable. Soy feliz lectora porque Philip Roth ha sido galardonado hoy con el prestigioso premio Man Booker. Solo le falta el Nobel. Libros lúcidos y demoledores, de narrativa potente, vital y dolorosa. 31 libros narrándonos los conflictos, paradojas, esperanzas, soledad, miedos y temores más íntimos que sacuden el alma humana. Y lo hace sin piedad…sin prejuzgar a sus personajes, limitándose a colocarlos en escena con sus conflictos y neurosis, absteniéndose de emitir juicios morales.

Es un extraordinario narrador, vertical, destemplado, de escritura veloz y magistral. En su obra ha explorado el sentir de los judios norteamericanos, ha recorrido la gran depresión americana, la segunda guerra mundial.

Disfruto el fino manejo de ironía y humor con que disecciona a la clase media norteamericana de las últimas décadas con un retrato exhaustivo de su podredumbre moral, desnudando ante sus lectores lo que se oculta tras el sueño americano. El resultado es un mosaico implacable sobre nuestras emociones, sueños, esperanzas, contradicciones y miedos, mentiras. La lucha crónica del hombre con su moralidad, asi como la humana tentación de querer aislarse, de encerrarse en su casa como si fuera una isla flotante y romper amarras con el mundo y la sociedad que le rodea para encontrar la paz individual, son temas claves en toda su obra.

Del monólogo íntimo ha hecho su marca registrada. Y para narrarse acude a dos personajes: David Kepesh y Nathan Zuckerman. Son ellos su alter ego. Su otro yo. Fundamentalmente Zuckerman, protagonista de 9 de sus 31 libros a través de quienes nos envia mensajes sobre su preocupación por el sexo, la decadencia física y moral, la vejez y muerte, pero también sobre su necesidad de potenciarse a la vida, sentirla, querer seguir vivo y experimentar la libertad. Todo ello entrampado en una terrible soledad que circunda a cada ser humano.

Es un desmenuzador agudo de la sociedad norteamericana (Me casé con un comunista, el Lamento de Portnoy, Pastoral americana, el Teatro de Sabbatt, Némesis) reflejando la podredumbre moral de una sociedad que pierde confianza en Dios, en la justicia y la misericordia. “Nuestras exigencias morales son fantasías retóricas que se desmoronan cuando aparece el miedo” .

Desconcierta vernos retratado en sus páginas, su lectura es dolorosa por honesta y aguda, Y asistimos de su mano a ver como una y otra vez la gente acaba siendo justo lo que no quería llegar a ser. Como el que disecciona con bisturí, hace análisis de la sociedad sin ánimo de justificar ni salvar a nadie. El hombre como víctima de su entorno.

Los libros de Philip Roth no dejan a nadie indiferente. Y no solo por lo que dice y emociona, sino por cómo lo hace. Su lenguaje es preciso, vigoroso, inteligente y muy culto. Una lectura que sacia de palabras, que llena de sentimientos encontrados que nos pide seguir leyendo. Novelas intensas y grandes donde la ficción solo es superada por la realidad.

En los últimos años escribe sobre la vejez, la narra como la tragedia más demoledora porque no solo nos convierte en un cuerpo enfermo, cansado y humillado por la enfermedad, si no por la soberbia conciencia de saberse dependiente, frágil e invisible. Allí están Elegía o La Mancha Humana. Con asombrosa maestría nos obliga a experimentar el temible proceso de la propia extinción del ser. Porque la vejez, para Roth, es la invisibilidad del ser humano, es ir abandonando los viejos paisajes del escenario personal, los compañeros de la vida, las pasiones motrices, los amores que en su vida lo fueron todo. La vejez es irse llenando de despedidas mientras quedas cada vez más expuesto a la invisibilidad, a la dependencia y la fragilidad.

Roth desnuda la tremenda vulnerabilidad del ser humano . Porque como bien dice, al final, “todos naufragamos en el mismo infortunio”.


Laura Fernández

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martes, 10 de mayo de 2011

A los artistas plasticos


...Te parece que ser artista significa...vender?... Creí que significaba alguien que siempre busca sin encontrar...creí que quería decir lo contrario de "yo sé, yo he encontrado". Cuando sigo que soy artista, solo quiero decir que estoy buscando, estoy luchando con todo mi corazón...Vincent Van Gogh.

Traigo las palabras de mi genio loco porque celebramos en Venezuela el día del artista plástico. Nadie como él para expresar con fuerza y honestidad los tormentos, anhelos, sueños, tristezas, luchas, deseos ocultos, luchas que pueblan el alma de un pintor. De un creador que nunca se repite. Siempre busca aunque nunca encuentre.

Hay quienes creen que pintar es fácil. No lo sé. Para mi es como escribir. Cada cuadro, es como cada buena oración escrita, un parto. Pudiera decir como el gran escritor argentino Bioy Casares, que todos los pintores que conozco son personas que han tenido una facilidad innata para la pintura o el dibujo, pero todos los pintores que me interesan han luchado toda su vida contra esa facilidad. Porque la construcción de la propia obra es un permanente e indoblegado esfuerzo por pintar desde la frontera de lo que no sabes, huyendo de los lugares comunes personales, de lo conocido.

Tengo el privilegio de contar entre mis amigos un grupo importante de pintores zulianos. En ellos pienso ahora cuando escribo: en Sergio Sarcos, que cada mañana me llena de maravillas con las obras que etiqueta y coloca en mi muro de Facebook. Miro su pintura, me visto con ella y salgo al día, a la vida. Pienso en Enrique Colina, un irreverente y extraordinario pintor abstracto que es también arquitecto, caricaturista y profesor universitario además. Su obra me acompaña en casa y en la oficina, y él es mi compañero leal de correrías por el mundo de la poesía, exposiciones de arte, los encuentros literarios o de música. Un mundo de locos al que él pertenece y donde he entrado con facilidad, simpatía y reverencia. Recuerdo a Edgar Queipo, el gran Queipo, su pintura me maravilló desde pequeña. Su nostalgia y su poesía de lo cotidiano hecha colores y personajes tan sutiles como interesantes, con sus mujeres y hombres del puerto de Maracaibo o en las calles del casco central de la ciudad. Con sus inolvidables gallos en los árboles o el cometa Halley atravesando la geografia campestre de la Guajira. Y más reciente me viene Mario Labarca, con un mundo de espirales en colores que me deja con ganas de tener másparedes,paratenerlo a él en esa galeria de personajes e historias que ellos crean para mi, y que yo reverencio desde las paredes de mi casa, o de la oficina.

Son como mis libros, como la música que m,e gusta, a donde voy me acompañan

Porque iluminan mi vida les deseo FELIZ DÍA DEL ARTISTA PLÁSTICO, que nunca se acaben las ideas ni los sueños. Amigos que llenan de maravillas mis días. A veces libertad y alegrias, otras, duelen, porque ellos hacen maravillas desde el dolor. Como lo hizo el gran Vincent Van Gogh, el más incomprendido de los artistas y genios del mundo, el Vincent que murió sin vender un cuadro y hoy en los mercados de las artes alcanza precios astronómicos de hasta 60 millones de dólares por sus girasoles.

La hermosa obra que ilustra esta entrada es de Sergio Sarcos, , la Felicidad, d euna serie sobre la vida. Es hermosa, mágica, con él uno descubre la fuerza de lo delicado.

Laura Fernández




viernes, 6 de mayo de 2011

Nuestro amor es fácil


Es viernes. Tarde del viernes y no me pesan los días hoy. Viernes emocionado. Mirando desde un ventanal del cuarto piso de la ciudad veo la vida agitarse afuera. Corneteos, música del bazar a todo volumen llamando compradores, hombres y mujeres entrando a prisa a las tiendas, el domingo es día de las madres. La ciudad es un bullicio y un eco lleno de sonoridades con ruidos y resonancias chillonas. Siempre me pregunto por qué los locales comerciales colocan sus reguetones, salsas, gaitas, a todo volumen. A mi me aturden. A otros parece atraer. Nada me atrapa de ellos hoy.

Pero es viernes y en mi solo suena Melody Gardot. Es maravillosa. Canta como los ángeles y nunca estaré lo suficientemente agradecida a Ramón Lobo, el periodista corresponsal de guerra del diario El País de España, por habérmela presentado durante uno de los insomnios más largos que he tenido. La vida revuelta, sin brújula que me guiara. La escuché. El placer del descubrimiento me agitó aún más. Siguió el insomnio pero esta vez placentero y acompañada. De inmediato su melodiosa voz, afinada, su fraseo perfecto y dulce, sus letras, me envolvieron y perforaron todas mis emociones. Que exquisitez!!!! Conocía esta maravillosa cantante en medio de un desconcierto insospechado por todos. Ahora es una voz imprescindible.

Melody Gardot es una mujer capaz de transmitir conmociones y emociones. Cada frase una sacudida, cada voceo un remanso. Casa palabra una esperanza!

No dejo de oirla. Ella es una joya. Ella es jazz y he leido que es un ejemplo de lucha. Sufrió un grave accidente de tráfico que le causó daños cerebrales y en la espalda. Tuvo que reaprender muchas funciones motoras y fue la música la terapia que la regresó a la vida. Y desde esa nueva vida nos canta canciones tan bellas como esta que les dejo para el fin de semana.: Nuestro amor es fácil.

Laura Fernádez

Los placeres de la envidia


Eduardo Sánchez Rugeles, escritor caraqueño ganador del premio hispanoamericano de Literatura Arturo Uslar Pietri, 2010, nos anuncia la reedición de "Blue Label/Etiqueta Azul, novela con la que obtuvo este premio, el proximo lanzamiento de una nueva novela, Umpluged Transilvania y la edición de las crónicas "Los Desterrados", filosos e inquietantes ficciones sobre venezolanos que han dejado el país acosados por la desesperanza, la injusticia o la mediocridad cultural, política y moral de Venezuela.

La noticia me llevó de inmediato a refrescar la deliciosa crónica publicada por el también escritor Federico Vega, sobre las envidias y placeres que se produce en ellos en torno a la creación ajena cuando ésta es una maravilla que hubiesen querido ellos escribir. Es la envidia que le causó este libro y su autor. Una confesión que transita por sus penas, lo lleva a hacerse comparaciones entre lo que literariamente hace Rugeles y lo que él nunca ha podido, para finalmente admitir solo reconociendo públicamente sus celos consigue la única y verdadera terapia para conjurar esa placentera desazón

Etiqueta Azul, dice, es asistir con placer a "ese festín de libertad, a esa arriesgada travesía que mantiene un ritmo trepidante y magnífico a través de tantas cercanías".

Aquí la comparto.

Arte y Espectáculos 15 Ago 2010 | 01:07 pm -
Por Federico Vegas
Los placeres de la envidia

El escritor Federico Vegas se sumerge en el arte de leer y de envidiar la creación ajena. Un viaje por mares literarios de otros continentes que aterriza en el aquí y el ahora de una novela muy caraqueña


D ice un amigo: "Te acuerdas cuando el verano era mirar culos en Morrocoy". Es un falso juego de palabras: lo que para estudiantes de otras tierras era "el verano", para nosotros, habitantes de una ciudad donde se alternan sin grandes extremos la lluvia y el sol, el frío y el calor, era simplemente una vacación más distendida.

Aclarado ese punto, debo decir que mi amigo tiene razón en lo fundamental, pues sí hubo un tiempo muy focalizado en la búsqueda de lo carnal; una actitud dada a cuantificar los aciertos hacia una meta insaciable, y con la irresponsabilidad de vivir en un tiempo que jurábamos infinito. Éramos tan inmediatos, tan actuales, tan urgentes.

En esta nueva vacación de verano (la número sesenta), ya sin las carencias y cacerías de entonces, me he dedicado a ver libros; y digo ver, y no leer, porque compro muchos y leo pocos. Me gusta tenerlos a mi lado, regados por la cama como una colcha de retazos. Disfruto hasta de tropezar mientras duermo lo que, quizás, nunca terminaré de leer. Es como el garbanzo en el colchón de la princesa, con la diferencia de que esa molestia en las costillas hace mis sueños más estimulantes.

Hasta ahora he leído sólo tres de un par de docenas: La incomparable, divertida y asombrosa vida de Paco Vera, una entrevista a Don Paco realizada por Ramón Hernández; Verano de J. M. Coetzee y Blue Label de Eduardo Sánchez Rugeles. Conversaciones con Picasso de Brassai, viene en camino.

Antes de contarles cuánto he disfrutado estas lecturas, debo hacer una aclaratoria: creo que la literatura empieza por casa, y allí la diosa que manda y vigila es la envidia. No hay sentimiento más indicativo y, además, tiene su lógica: en la casa de la literatura venezolana ciertamente hay pocos lectores para repartir.

Esto explica ciertas erupciones de envidia hacia mis colegas. Cuando Alberto Barrera se ganó el Premio Herralde me dieron convulsiones y llegué a la fiesta de la celebración con sonrisa de epiléptico. La única cura que conozco es la más psicoterapéutica: confesarlo en alta e inteligible voz. Con Salvador Fleján, utilicé otro método para calmar mi asombro ante la sagacidad de sus cuentos: me ofrecí a ayudarlo a transformar su Ovnibus en el libreto para una película. Aún creo que sería un éxito de taquilla, y, con ese ofrecimiento y esa esperanza, mi envidia se ha ido diluyendo. Lo que siento por Francisco Suniaga es un caso sin remedio; me calmo pensando que se trata de un "natural" y que es trampa narrar cuando resulta tan fácil. Espero que nunca me cuente de esfuerzos y borradores abandonados.

Aunque el caso no es tan grave, pues la envidia puede ser deliciosa cuando apunta a un buen amigo. Parte de lo peor de uno y, con un poco de suerte, franqueza y buena voluntad, llega a nuestros mejores sentimientos.

Este tránsito de la mezquindad a la amistad generosa nos da un buen mapa de nuestros más ocultos circuitos.

Frente a Paco Vera me defiendo con la barrera del tiempo. Él tiene más de noventa. Treinta años de diferencia son muchos y me permiten suponerlo viviendo en otra época, o en todas las épocas. Tres fragmentos de su libro explican ese sabor inmemorial, tan saludable: "Hay tres formas de arruinarse: el juego, las mujeres y la agricultura. La primera es la más rápida, la segunda la más sabrosa y la tercera la más segura.

Pasé de niño prodigio a viejo prodigio sin tener una etapa de madurez.

Para gobernar es menester, primero, ser muy bruto; segundo, dar muchos palos, y tercero, estar convencido de tener la razón. Acerca del mando nada digo porque perros y caballos es lo único que he logrado que me obedezcan; pero tocante a creencias, si he pensado siempre que el enemigo de la verdad no es el error sino la convicción".

Lograr una reflexión semejante requeriría recordar frases que le he oído y no ha publicado. Ya más de una vez copié una de sus salidas y crucé los dedos.

Frente a Coetzee es fácil esquivar la envidia. La fobia a las culebras requiere la remota posibilidad de tropezarlas y él está tan lejos, tan remoto, tan fuera de competencia, que podemos aprender sus lecciones en cuerda paz. Verano es una autobiografía del Coetzee treintañero, con una variante interesantísima: se supone que el escritor ya está muerto y el libro lo arma su biógrafo a través de una serie de entrevistas a las mujeres que lo amaron. O trataron de amarlo, porque dos novias insisten en que tenía alma de madera; lo que viene a ser, como ya he explicado, un juicio del propio escritor. ¡Qué manera de autoexaminarse! Brassai y Picasso están blindados, y apenas voy por la página 32.

El caso más preocupante (o la envidia más estremecedora) en esta visita a la casa de nuestros libros, es el vecino más próximo de los cuatro: Eduardo Sánchez Rugeles. Nuestra diferencia de edad también anda por los treinta años, pero hacia atrás. Decir que mi futuro es el pasado de Paco, y mi pasado el futuro de Eduardo, es bastante pretencioso, pero así lo siento y me gusta tener en Paco alguien que me jala y en Eduardo alguien que me empuja. Con esta ecuación nos vamos acercando a la condición esencial que suele prevalecer en una misma casa: la proximidad. Y esto es lo que más admiro y envidio de la novela de Sánchez Rugeles, Blue Label: el arte de exponenciar y dominar los riesgos de la proximidad.

Una de las relaciones más difíciles en una novela es la que establece el autor con el aquí y el ahora de su narración, el dónde y el cuándo de lo narrado. Según Javier Marías lo que más atormenta a los espectros en su vagar por los espacios es el exceso de detalles: "La representación de lo que vivimos y apenas nos hizo mella cuando fuimos mortales se aparece ahora con el elemento horrendo de que todo tiene significación y peso". Estos espectros de Marías le recuerdan al escritor la necesidad de perspectiva, de filtros e instancias que le permitan relacionarse con el tiempo abrumador y el espacio sin mesura que ya ha vivido y pretende revivir. Hemingway recomendaba al novelista jamás utilizar de escenario a la ciudad donde vivía: "Si estás en París cuenta de Barcelona, y si estás en Barcelona de Madrid".

La razón es obvia, para escribir --lo que equivale a ser un competente fantasma-- hace falta abstraerse.

Cabrujas decía que en las primeras películas venezolanas el público se dedicaba a reconocer lugares de Caracas: "¡Mira, las torres del Centro Simón Bolívar! ¡La plaza Bolívar". Aceptar la propia realidad como digna del arte no es fácil, tiene su proceso, su iniciación. Blue Label es un acelerador, una enzima irreverente que rompe convencionalismos. Sus estrategias me atañen: Eduardo Sánchez Rugeles nos cuenta de Caracas desde Madrid, donde escribió buena parte de su novela; hasta aquí la receta es clásica, pues mantiene una cierta distancia, pero el tiempo de lo que narra está peligrosamente cerca del escritor. Se basa en historias de sus alumnos, a los que llevaba poco más de diez años, apenas un instante.

Yo huyo del presente, me alejo tanto como puedo. Eduardo lo acaricia y juega a placer con las referencias temporales.

A mí me costó mucho introducir nombres de lugares caraqueños en mis cuentos. Algún lector me dijo que destruían la magia, la universalidad de la ficción. Eugenia Blanc, la protagonista de Blue Label, va al corazón del problema: "Mi geografía urbana es bastante limitada. No conozco el centro ni me interesa conocerlo". A partir de esta liberación va detallando con fruición lo que sí conoce.

Mi promedio de groserías es de un coño por cuento. Sánchez Rugeles usa mi ración de una vida en un solo capítulo y hasta analiza, a fondo, las contradictorias variantes de una que está en boga, el ambiguo "güevón". La tesis: "Los jóvenes hoy en día hablan así", suena antropológica, pero el flujo funciona dentro de sus propias leyes y terminamos aceptando su procaz vendaval como una música genuina.

Cuando intento escribir como una mujer hago grandes esfuerzos por sonar femenina e inteligente. Sánchez Rugeles escribe como una joven que habla como un hombre, lo que, a su vez, hacen todas las jóvenes caraqueñas. ¿Cuál es su secreto? Quizás no hacer ningún esfuerzo en distinguir los léxicos, las cadencias; o lograr que no se note. La hipótesis es divertida: cuando Eugenia Blanc se expresa como un hombre, las lectoras femeninas celebran con un "¡Por fin!" su autenticidad.

Tiendo a aplacar las descripciones sexuales para que nadie suponga que me ando vanagloriando de retruque. Eugenia y Luis Tévez logran once fornicaciones, o una sola sesión indivisible y prodigiosa, si consideramos que la tanda ocurrió en una sola noche. Ya quisiera Coetzee que alguna de sus mujeres hablara de casi una docena de orgasmos en "alta definición y otros en 3D", lo que equivale, si hay algo de álter ego en Luis, a un desparpajo autobiográfico.

En mis narraciones no logro pasar del año 1998. Mis miedos literarios ante el chavismo son peores que los políticos.

Siento que hay algo invasivo, reiterativo, que sería capaz de causarle gastritis a los personajes y caricaturizar el drama con un pastoso aire de protesta y estancamiento. Sánchez Rugeles le pasa por encima al presente con tanta destreza y puntería que llega al 2020 con un parco reporte de Eugenia sobre su padre: "Alfonso, enriquecido con el chavismo, cayó en desgracia con el nuevo gobierno. Creo, incluso, que lo metieron preso".

Hasta aquí mis penas, mis comparaciones, mi terapia.

Ahora puedo confesar el inmenso placer de haber asistido a ese festín de libertad, a esa arriesgada travesía que mantiene un ritmo trepidante y magnífico a través de tantas cercanías. Todo lo nuestro será más fácil de entender y aceptar gracias a Blue Label.

¿Qué sucederá con todas estas proximidades en ese 2020 que me encontrará algo más viejo? Creo que continuarán siendo igual de cálidas y valientes, de urgentes y actuales. Y estarán además acompañadas de otras novelas del mismo padre, a quien quiero considerar un hermano en esta casa de afanosas búsquedas y taimados encuentros.

lunes, 2 de mayo de 2011

La casa tomada de Cortázar




Leo los cuentos de Julio Cortázar. Uno en especial se ha quedado prendado en la memoria, dando vueltas intermitentes, a veces creo que busca significados o solo un lugar donde ser acogido con sus fantasmas que nunca vemos, solo los intuímos, andando por la vieja casa familiar que ocupan dos hermanos, con sonidos amenazantes cada vez más cerca de los protagonistas mientras avanza la lectura.

Se trata de la "Casa tomada", pertenece a Bestiario, y es un breve, pero intensísimo cuento sobre dos hermanos, maduros ya, solitarios, que viven plácidamente en su rutina inalterable dentro de la casa familiar, espaciosa y antigua, la que aman porque guarda los recuerdos de sus bisabuelos, abuelos, padres, de su infancia. Se habituaron a persistir solos en ella hasta que una presencia hecha sonidos los va cercando, estrechando sus espacios conocidos y logra expulsar a esta peculiar pareja de su pequeño y cerrado paraiso para arrojarlos a la vida, a un mundo desconocido.

Ambos, hombre y mujer, solteros, disfrutan su vida sin sorpresas, sus horas sincronizadas con los mismos sucesos repetidos día tras día, la monotonía sin tregua. No soportan la idea de un matrimonio que les arranque de sus recuerdos o de la seguridad entre sus paredes. Pasan las horas entre la limpieza del hogar en la mañana, el almuerzo a las 12 m, un momento grato que les permite disfrutar con placer el silencio de la casa y cómo los dos se bastaban para mantenerla impecable. En la tarde mientras ella teje, él lee y se deleita observando a su hermana tejer abrigos o calcetines. La tranquilidad de sus vidas es rota por sonidos nunca identificados que se desplazan por las habitaciones y pasillos de la añosa residencia familiar, cercándolos hasta finalmente echarlos a la calle. Y ahí quedar expuestos a la otra vida. La real. O eso presupone uno.

Significativamente lo único que consiguen "salvar" de la casa es un reloj, que les recuerda obsesivamente su temporalidad, su condición de mortales.

Cortázar explica así ese cuento: "Fue resultado de una pesadilla. Yo soñé ese cuento. Sólo que no estaban los hermanos. Había una sola persona que era yo. Algo que no se podía identificar me desplazaba poco a poco a lo largo de las habitaciones de una casa, hasta la calle. Me dominaba esa sensación que tienes en las pesadillas: el espanto es total sin que nada se defina, miedo en estado puro. Había una cosa espantosa que avanzaba, una sensación de amenaza que avanzaba y se traducía en ruidos. Yo me iba creando barricadas, cerrando puertas, hasta la última puerta que era la puerta de la calle. En ese momento me desperté: antes de llegar a la calle. Me fui inmediatamente a la máquina de escribir y escribí el cuento de una sentada".

De "La casa tomada" se ha dicho también que es una alegoría del peronismo y de la situación de Argentina a final de los años cuarenta. Cortázar no rechazó totalmente esta tesis: "Esa interpretación de que yo estaba traduciendo imaginativamente mi reacción como argentino ante lo que sucedía en el país, no es la mía, pero no se puede excluir. Es perfectamente posible que yo haya tenido esta sensación y que en el cuento se tradujera así, de manera fantástica y, simbólica".

Aquí les dejo en video el cuento y en la voz de su propio autor: Cortázar, que además poseía una extraordinaria voz y dicción para narrar.

Laura Fernández

domingo, 1 de mayo de 2011

Hasta luego Sabato, nos veremos en tus libros


Laura Fernández



“Quería desaparecer, eso está en sus libros, pero quería quedarse, eso estaba en su mirada herida que ahora se acaba de apagar. Ernesto Sabato, un titán disminuido siempre por la constancia rabiosa de su melancolía”. (Juan Cruz, en el sentido obituario que hoy publica en El País: “El hombre que se reunía con los anónimos”).



El hombre triste, el Sabato atormentado no se consideraba escritor profesional de esos de un libro por año. Confesaba que a menudo “quemaba en la tarde lo que había escrito en la mañana”. Cuantas páginas devoradas en el fuego y no por los ávidos ojos de sus lectores, los anónimos que no sabía él porque misterio insondable de la vida, buscaban sus escritos, para reunirse con él escritor atormentado, melacólico y las sombras que le abrumaban. Decía que era un hombre solitario, que creció de niño asomándose en las tardes por su ventana de su cuarto viendo la vida pasar. Y era un cascarrabias. También un inconformista, un crítico y explorador excelso de las contradicciones internas que nos pueblan a los hombres. El Túnel, 1948, es un gran ejemplo. Como “Sobre héroes y tumbas”.



Le dolía el mundo. Le dolía la maldad. Le dolían los hombres. Era un pesimista pero quizá siempre tuvo razón Sabato y el destino del hombre no sea otro que la ceguera, la mezquindad y el olvido. Y sin embargo, este hombre adusto que cumpliría los 100 en junio de este año, amaba la vida. Ese hombre que otros señalan de difícil y complejo, que nos dejó con sus libros el tormento de un túnel hecho laberinto en la memoria, produce una profunda ternura cuando por televisión miramos con cuanto cariño aprieta entre las suyas las manos de Elvira, su compañera de los últimos años, mientras firma libros a sus legiones de lectores o cuando miramos las imágenes de su casa de Santos Lugares en la Argentina. Una casa vetusta y de ventanales acogedores, con árboles añosos, sencilla, donde vivía rodeado de recuerdos y libros, de contradicciones, de pequeños e inacabados cadáveres exquisitos que escribía a la mañana y destruía en la tarde, acompañado de la sombra de Matilde, su compañera de toda la vida fallecida a finales de los 90.

Su camino fue grande para dejarlo solo en la literatura. Ensayista, escritor, vecino sencillo y cotidiano, defensor de los derechos humanos, pintor consumado cuando la vista le comenzó a fallar, fue también un gran humanista, un hombre comprometido con las luchas sociales. Presidió, abolida la dictadura del 83, la Comisión que investigó los casos de los desaparecidos de la dictadura y de esa dolorosa investigación surgió un documento inmarchatable: Nunca más. Por su narrativa deja ver su dolor, nos transmite sus dudas sobre el destino del hombre, transita por las cloacas y el revés más crudo de la sociedad argentina.

Siempre estuvo mas cercano a los arrabales pueblerinos, a los frigoríficos argentinos, que al mundo de la intelectualidad con el que mantenía fuertes y agrias discrepancias. Ganador del premio Cervantes de literatura, el más importante de las letras hispanas, su prosa fue equiparada con la de Jorge Luis Borges, e igual que éste, cometió el error grave de sentarse en una misma mesa con un dictador. Borges con Ponochet. Sabato con Videla. Aunque luego pidió disculpas, el imagianrio colectivo no olvida ese episodio, como tampoco se le olvidó de Borges. Con Borges fueron famosas sus disputas.

A Sabato le habría gustado ser eterno. Siempre lo dijo. Le hubiese gustado vivir 1000años por ejemplo. En la vida y memoria de esta anónima mortal, lo es. No sé por qué cada tanto me daba por creer que había muerto solo para descubrir que no, que aún seguía entre los vivos ese hombre que agobió parte de mi adolescencia con la lectura de El Túnel, la historia de un asesinato narrado por su autor, un pintor atormentado y obsesivo “que termina por matar a la única mujer en el mundo que comprende las razones más profundas de su oscura existencia”.



Por ahora, volveré a esas páginas que leí con admirado asombro y deleite angustioso cuando recién comenzaba a entrar en territorios donde quedó dispersa mi juventud.

Hasta luego Ernesto, nos encontraremos en tus libros

viernes, 17 de diciembre de 2010

Y brillaban las estrellas...

Laura Fernández

Uno de los más bellos y desesperados cantos de amor que alguien jamás podrá olvidar es "E lucevan le stelle", interpretado por el inmarchitable tenor Luciano Pavarotti.


Pavarotti con su bellísima voz imprime a esta aria de la ópera Tosca,de Puccini, dulzura, fuerza y nervio. No es sólo técnica, es pasión al cantar con ese timbre tan bello como inconfundible. Aún si no se conoce la letra, su sola voz llena de dramatismo y sacude los sentimientos de quien la escuche. Permite sentir el desgarro, la tristeza absoluta que vive el artista que condenado a muerte, ya no verá más a su amada.

Para mi esta aria es la joya, el tesoro, de la ópera Tosca. Llega casi al final de la ópera. Caravadossi, un artista perseguido, se encuentra a solas en su celda, donde se encuentra encarcelado. De su carcelero ha conseguido papel y pluma para por última vez escribir una carta: ha sido cruelmente torturado y condenado a muerte, quiere despedirse de su amada Tosca. Escribiendo en el desespero del adios, de un apasionado sollozo brota esta aria en la que se cruzan los sentimientos y recuerdos del amor vivido que nunca más podrá ser.

Revive los momentos que vivió junto a ella, el fulgor de las estrellas durante la impaciente espera, el olor a tierra y perfumes del jardín, y de ese recuerdo hermoso surge desgarrador el miedo a la muerte y su grito desesperado de amor por la vida.

En lo particular, a mi la interpretación que mas me emociona, que me hace vivir ese amor y ese desesperado adios hasta las lágrimas, es la realizada por Pavarotti. Creo que convirtió este aria majestuosa en una bendición para nuestros canales auditivos. Las he escuchado casi todas, con el gran Enrico Carusso, con Alfredo Krauz, Mario Lanza, Giuseppe di Stefano, Plácido Domingo,y con Jose Carreras. Ninguno imprime la gama de emociones que encuentro el gran tenor que se atrevió a hacer de la ópera un canto bello para las masas y sacarla del exclusivo lugar delas élites culturales. La gestualidad, la mirada, la voz de Pavarotti es inigualable.



LETRA DE "E LUCEVAN LE STELLE"

Y brillaban las estrellas
y olía la tierra…
chirriaba la puerta del huerto
y unos pasos hacían florecer la arena…
Entraba ella fragante
y caía entre mis brazos…
¡Oh dulces besos,
lánguidas caricias!
Mientras yo estremecido
las bellas formas iba desvelando…
Para siempre
desvanecido mi sueño de amor…
Ese tiempo ha acabado…
¡y voy a morir desesperado!
¡Y jamás he amado tanto la vida!


De Wikipedia obtengo la siguiente sinopsis que aqui dejo: "Tosca es una ópera en tres actos, con música de Giacomo Puccini y libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa. Fue estrenada con éxito en Roma, el 14 de enero de 1900, en el Teatro Costanzi. El texto de la obra está basado en un intenso drama, La Tosca, de Victorien Sardou, presentado en París en 1887, donde actuaba la gran actriz Sarah Bernhardt.

Tosca es considerada una de las óperas más representativas del repertorio verista italiano, por su intensidad dramática, violencia y por contener algunas de las arias más bellas del repertorio. El argumento combina intriga, violencia y pasión. Junto a Madama Butterfly y La Bohème, integra el trío de óperas más conocidas de Puccini.
Musicalmente, la obra se mantiene en el estilo desarrollado por Puccini hasta el momento: continuidad del discurso musical, roto apenas por una o dos arias. Las escenas más impactantes son el Te Deum del final del primer acto, y las arias Vissi d'arte (para Tosca) y E lucevan le stelle (para Mario). Dramáticamente, el segundo acto es de una intensidad inigualada por otra obra de Puccini.

La acción transcurre en Roma, el 14 de junio de 1800, cuando Napoleón vence a Austria en la batalla de Marengo.

El triunfo del escribidor


Vargas Llosa ha tenido la originalidad de considerarse un instrumento al servicio de la lengua y de su tiempo
Publicado en El Periódico.com, de México
Viernes, 8 de octubre del 2010
Juan VilloroEscritor

n 1974, a los 18 años, acompañé a mi padre en un viaje a Lima y lo convencí de que dedicáramos una tarde a buscar la apartada escuela Leoncio Prado, donde un cadete había sufrido suficientes humillaciones para convertirlas en gran literatura. Ya al anochecer, divisamos los farallones de un sitio inhóspito, que parecía más un presidio que una escuela. El exalumno cuyo libro fue quemado en el patio de ese colegio era Mario Vargas Llosa.

La ciudad y los perros fue una novela decisiva para mi generación. Los cambios de puntos de vista, los monólogos que se intersectan y el mundo de la juventud visto con la fiereza de quien ha perdido sus esperanzas en la sordidez, hicieron que fuera la Biblia de quienes nos iniciábamos en la desmesura de escribir.

Conversación en La Catedral, Los cachorros, La casa verde y La guerra del fin del mundo ampliaron ese horizonte narrativo, combinando complejas estructuras con un estilo llano, de engañosa sencillez. El autor se complicaba la vida con gusto al imaginar las tramas y se la facilitaba con más gusto al contarlas. La estructura se refractaba en planos muy diversos y contrastados, mientras la prosa fluía como una conversación. Un caleidoscopio descrito en tono de tertulia. La mezcla producía el sello distintivo del mayor novelista social de nuestro tiempo.
Hace 20 años que Vargas Llosa merecía el Nobel. En medio siglo su teclado no ha dejado de echar humo. El admirable arco de su producción va de Los jefes a la crónica del domingo pasado. En el trayecto, el incombustible escritor ha vivido como si el tiempo y la edad no existieran, sin perder su voraz curiosidad.

En una ocasión coincidí con él en un encuentro de escritores en Cali, Colombia. Eran años duros en los que aún se sentía la impronta de Pablo Escobar. Vargas Llosa viajaba con escolta especial. Lo acompañé en la camioneta que le había asignado el Ejército. Iba con el aplomo con que recorrió Perú en su campaña presidencial, sin pensar que podían matarlo. Alguien sereno en situaciones extremas, el narrador que no pierde el enfoque en el ojo del ciclón.

Cabrera Infante, que lo quiso mucho, dijo con ironía, acaso pensando en él: «Hay autores que se la pasan elogiando a Flaubert y publican más queBalzac». Lo decisivo en Vargas Llosa es que ser prolífico no ha disminuido su sentido del riesgo. Le gusta escribir mucho. Mejor para nosotros. Esta pasión se extiende al fútbol, los toros, el teatro, la comedia humana y la lectura.

Cuando coincidí con él en Berlín, comentó que aprendía alemán para leer en original a Thomas Mann. Su sostenido aprendizaje lo ha llevado a agotar bibliotecas enteras para escribir sobreFlaubert, García Márquez, Arguedas, Onetti, Tirant lo Blanc, Sartre y Camus e Isaiah Berlin.También lo ha hecho salir de casa para buscar verdades incómodas en África, Irak o las montañas peruanas dominadas por Sendero Luminoso. Sus crónicas han dejado constancia del gozo con que asume los divertidos desperfectos del destino.

Su radar de lector ha registrado clásicos indiscutibles, pero también a algún best-seller de ocasión, que lo cautiva sin prejuicios, o a autores mucho más jóvenes que él. Entre otros, el chileno Alberto Fuguet, el colombiano Héctor Abad Faciolince o el español Javier Cercas le deben vindicaciones memorables.

Hace algunos años presenté en México La fiesta del chivo. Como siempre sucede con Vargas Llosa,el acto derivó en un mitin. Había pancartas en favor o en contra de Fidel, citas de su descripción del PRI como «la dictadura perfecta». Poco antes de empezar, nos reunimos tras bambalinas con un actor que iba a representar al dictador Trujillo. Con cierto protagonismo, el actor advirtió al novelista que lo admiraba, pero repudiaba sus ideas políticas. Se hizo un silencio incómodo y algunos esperaron el gesto de soberbia del intelectual ofendido. Nada de eso: Vargas Llosa dijo que le encantaba estar con quienes pensaban diferente.

«¿En qué momento se jodió el Perú?». Esta frase de Conversación en La Catedral es el ábrete sésamo de América Latina. El narrador investiga una realidad que duele. Va a hablar de un mundo jodido. Ese mundo importa tanto que amerita 600 páginas. En traspatios y arrabales Vargas Llosaencontró su poética de la devastación. Ese mundo roto merecía el fervor de la crítica y una mirada que descubriera su belleza.
La tía Julia y el escribidor describe los afanes de un autor sometido a las exige
ncias del multiempleo. Poco a poco, el protagonista muestra una personalidad escindida, primero confunde a sus personajes y luego confunde su destino con un guión. Varias veces, Vargas Llosa se ha descrito como «escribidor», una manera cortés de poner el acento en el esfuerzo, el oficio artesanal, y no en su excepcional talento.

No se reinventa el mundo sin originalidad, pero Vargas Llosa ha tenido la originalidad de considerarse un instrumento al servicio de la lengua y de su tiempo, el escribidor que recoge las voces de los otros. En su nombre, la Academia sueca ha honrado a un pueblo de 500 millones. Escritor.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Retrato del desespero wayuu



Laura Fernández

Retrato de la desolación Guajira. Siempre creyeron los wayuu que si un día salían de su desierto, sería siguiendo el rastro del agua, no huyendo de ella. Ahora son refugiados climáticos. Y llegan a una ciudad como Maracaibo que ni les gusta ni gusta de ellos. Solo una esperanza en sus corazones, el día que regresarán a esa tierra ahora devastada para volver a pastorear un rebaño, cultivar el maíz y seguir tejiendo con sus chinchorros el descanso de los hombres. Y un peso sobre sus hombros: volver a empezar de cero. Titánica tarea de la que están curtidas sus experiencias. No por ello deja de ser difícil.


La foto es cortesía del periodista Leonel Enrique López, del periódico indígena WAYUUNAIKI.

jueves, 9 de diciembre de 2010

La Guajira bajo aguas (La furia de Juya)


En La Guajira de pronto todo se hizo agua. La sabana de infinitos horizontes con sus cactus y cardonales. Los caminos de arena y silencio abrumador. Las casas y chozas en cuyo interior tienen lugar los gestos de amor y convivencia de su gente. Los corrales y los cultivos.

La Guajira donde las lluvias son tan escasas, donde su gente baila la yonna invocando el espíritu de Juyá, deidad de la lluvia y la fertilidad, para poder cultivar, ahora está bajo aguas. Es como decía un amigo, Cristian Espinoza, "cuando no llueve nada, entonces le cae un diluvio". No hay carreteras, solo agua. No quedan cultivos, están tapiados por el agua. Cientos de rebaños de ovejos, reses, cerdos, ahogados en la noche devastadora que aún no culmina. Las trochas de barro, las carreteras de asfalto son rios furiosos. Y la gente atrapada, intentando por todos los medios salir. O ser auxilada. Todo es agua y desespero. Tristeza y rabia. Agua y miseria. Incluso lo que parece tierra, no lo es.

Tres meses de lluvias continuas,tres meses con autoridades indiferentes, o en todo caso, poco ocupadas en darse cuenta lo que era previsible. La Guajira se inundaría. En apenas dos días, del sábado 4 al domingo 5 de diciembre, las aguas bajaron violentas desde las serranias del Guasare, corrieron por el río Limón y el Paraguachón, y se internaron por Carrasquero, Molinete, Sinamaica,Varilla Blanca, Jaguasirú, Yauriuna, Yruamana, El Cero, Camama, Carretal. Nada quedó a salvo. Todo fue arrasado en esta embestida de la naturaleza.


Algunos amigos en Maracaibo y del país se sorprendieron al ver las imágenes de campos inundados, casas con el agua hasta los techos, gente en procesión arrastrando lo poco que les queda. Y eran esas escenas de la naturaleza que por muy devastadoras, no se acercan ni un poquito a lo que vive la gente, sin casas, sin siembras ni rebaños, sin sueños y con mucho miedo al abandono que tan conocido les es. Ahora vendrá ayuda oficial mientras bajan las aguas. Después, puede que todo sea igual. Un olvido. Ojalá no ocurra así,pero la duda es difícil de erradicar porque ha sido esa la vivencia guajira.

Y tanto como llama la atención el desconocimiento de la gente sobre la grave tragedia que vivía la Guajira, sorprendía aún más el silencio atronador de los medios de comunicación que poco o nada informaban de la situación de emergencia guajira.

Golcar Rojas,periodista y acusioso observador de los hechos, se preguntaba por qué la tragedia de La Guajira, que incluso empezó antes y con más fuerza que la de otras zonas, no ha tenido la misma repercusión en los medios. Y cuando hablan de ayuda y centros de acopio tampoco pareciera ser tomada en cuenta con la misma urgencia que el resto de regiones afectadas.

¿Qué hace entonces que la tragedia provocada por las lluvias en Miranda, Falcón, Vargas, sea más reseñada por los medios de comunicación social del país, oficiales y privados, que la tragedia que esas mismas lluvias originan en Guajira? Porque se informa tan poco y tan breve sobre la pesadilla wayuu?

La Guajira como Falcón tiene 90% de su territorio bajo las aguas. Hay dos vías para llegar a la Guajira. Carrasquero y Sinamaica. De las Cruces hacia Carrasquero y Guana no hay paso, la carretera fue arrasada por las corrientes del río Limón en más de 10 tramos. No quedan fincas ante el ojo humano, solo un horizonte de aguas abarcándolo todo, invadiéndolo todo. Es agua por todas partes, aún lo que parece tierra no lo es. El domingo 5 de diciembre se desbordó la represa de Tulé que abastece a Maracaibo, uno de sus diques cedió y sus aguas corrieron más de 100 kilómetros destruyendo hatos, vías, cultivos, rebaños, hogares y esperanzas. Llegaron a Sinamaica y grosera se metió en las casas. Las poblaciones de esa serranía fueron evacuadas en helicópteros. Carrasquero desde esa noche se hizo una historia de temores y pesares. La pesadilla que por siempre habita oculta la memoria de su gente, se hizo realidad. Las aguas superaron el muro de contención que todos los años, desde que tenemos memoria, amenaza con inundarla y arrasarla, las aguas pasaban por encima de su puente y arrebatadas entraron al pueblo. .En Sinamaica, el hogar de los añú, ya no sabe donde termina la laguna y donde comienzan las calles de asfalto del pueblo. Las lanchas donde los turistas pasean la milenaria laguna recorren las calles desesperadas de la gente del pueblo en ejercicio de evacuación. Los añú han hecho de las aguas su tierra firme, pero no la tragedia. Y los wayuu, gente de tierra firme, no se habitúan a las aguas a mitad de su cuerpo. Pero las prefieren ahora antes que abandonar lo poco que les queda. Permanecen en las carreteras hombres y jóvenes, resguardando los pocos enseres que la corriente les ha dejado a salvo. Es un paisaje dantesco, desolador. Tanta miseria y tanto olvido juntos.

Se dice que 87 mil mil de los 120 mil hermanos guajiros que habitan este territorio ancestral, están hoy damnificados. Algunos en escuelas y cuarteles militares. La gran mayoría salió de sus casas y sus fincas, y viven como desplazados climáticos en los hogares de sus familiares en Santa Cruz de Mara o Maracaibo.

Yo sé que no se puede decir que una tragedia es mayor o menor que la otra. Son iguales. Pero uno se pregunta por qué el dolor guajiro no afecta al venezolano y a los medios igual que el resto del país? Se acordó el presidente y vino entonces. Y solo así acudieron los medios y retrataron para todos el tamaño de la catástrofe.

Y cuando pasen las lluvias, cómo volverá el guajiro a su vida? Mientras la solidaridad del pueblo venezolano se hace presente con aportes en comida y ropa, el aire guajiro, el infinito wayuu se llena de oscuras bandadas de zancudos y jejenes que mantienen aprisionada a la gente en el calor de sus chozas. Uno espera que la atención sanitaria actúe a tiempo y evite la propagación de enfermadades como el dengue, diarreas, fiebre amarilla.

No recuerda la Guajira una inundación de esta magnitud en toda su historia. Juya embravecido.

Laura Fernández. Foto cortesía de Gustavo Bauer

Él no es Madona, él es Jesús


Andar por ahí con Jesús es como andar con Lady Gaga o Madona de compras. Las miradas de la gente se detienen insistentes en él, niños o adultos, en algunas veo cosas que me gustan para él, en otras me sofoca la rabia. Pero andar con él por ahí es una rica experiencia de amor y hermandad por su inaplazable necesidad de dar y recibir cariño. Andar con él es una fiesta para el corazón y el alma, una risa abierta y sonora porque le dio la gana ponerse medias distintas para rabia de Tana, porque se entrega a sus afectos sin nada a cambio, porque no maquilla sus sentimientos.

Andar con Jesús cualquier tarde, cualquier hora en cualquier lugar, más allá de las miradas de apoyo o las cargadas de indiscreción que él capta en silencio y esquiva también en silencio, es como abrigarse con él en sus irrenunciables y salvadoras rutinas no siempre comprendidas, maravillarse con su entusiasmo cotidiano ante la comida y dejarse arrastrar por la desarmante obligación que nos impone de ir cada fin de semana al centro comercial a comer helados y tequeños. Y sé que con amor, todos en la familia, le hemos salvado de la soledad del que ha sido etiquetado o se sabe distinto, que bien lo entiende también calladito. Aunque a veces se largue un sonoro "Emadre" "Ico" cuando se le hacen insoportables las miradas ajenas que le miran como si fuera un extraterrestre. Mi hermano JESUS, mi ángel sagrado, es una isla de amor y ternura en este mundo tan arisco y superficial. FELIZ CUMPLEAÑOS HERMANO!!!!!!!Eres el más especial de los hermanos y de los ángeles que la vida nos ha obsequiado. Te queremos y amamos!!!!


Laura Fernández

martes, 30 de noviembre de 2010

Quiero vivir en el ipod

Hay días que llegan como un milagro de asombros y alegrías. Otros, otros días solo provoca vivir en el ipod o youtube. Mudarse a ellos, exiliada en la música.La realidad es como un reloj con alarma. Despierta sin pìedad. Cruda y con sobresaltos estos últimos tiempos en Venezuela. Como queriendo arrasar con sueños y esperanzas. Por eso escucho música, revitaliza el alma, le da fuerzas y nos hace sentir poderosos. Algo se reacomoda siempre en uno cuando los músicos inventan la dicha de querer conquistar el paraiso. Como esta maravillosa pieza de Vangelis.

Laura Fernández